
Ahimsa en la filosofía de Patanjali
En la filosofía de Patanjali, Ahimsa significa no violencia y es el primer Yama (principio ético) en la práctica del yoga. Se traduce como no hacer daño en pensamiento, palabra u obra hacia uno mismo y hacia los demás, extendiéndose a todos los seres. Ahimsa implica cultivar la bondad, la compasión y el amor, disolviendo la violencia, la hostilidad y la irritabilidad.
La matriz de la violencia: surge en uno mismo, puede ser instigada o permitida, y tiene como origen la codicia, el odio o la confusión. Puede manifestarse en diferentes intensidades: leve, media o fuerte.
Resultado: dolor e ignorancia interminables.
Propuesta de Patanjali: practicar la no violencia en pensamiento, palabra y acción —no solo hacia los demás, sino también hacia uno mismo.
Es importante reflexionar sobre cómo la violencia habita en nosotros y de qué manera se expresa en el cuerpo, generando somatizaciones. También observar cómo aparece en el día a día, de manera consciente o inconsciente. Recordemos que, muchas veces, el cuerpo habla antes que la mente, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
La utilidad de Ahimsa en la práctica de yoga
Dentro y fuera de la esterilla, Ahimsa nos invita a un trabajo profundo de compasión hacia la humanidad —la propia y la de los demás—. Implica contemplar esa humanidad, vivir de manera menos agresiva, más autocompasiva y más lenta. Todo esto propicia la escucha: de la mente, del cuerpo y de quienes nos rodean.
Ahimsa es también una herramienta de contagio de alegría.
En la práctica física de yoga, Ahimsa se traduce en una conciencia de equilibrio: parar cuando sea necesario, escuchar el cuerpo y mantener la comunicación cuerpo-mente-respiración (Hatha Yoga). Nos guía hacia la plenitud a través de las herramientas que el yoga ofrece, con sencillez y no con complejidad. Es la revolución de Ahimsa: equilibrio y compasión frente a una sociedad que continuamente nos empuja al desequilibrio y al fomento del odio.
Sutras 2.34 – 2.35
El yoga como arte
Los yamas y niyamas pueden entenderse como un arte que requiere práctica, atención, disciplina, constancia, presencia, acción y descanso. El yoga no busca alcanzar posturas perfectas, sino cultivar consciencia, facilidad y adaptabilidad.
Reflexiones personales
ANA G.
Ahimsa, habitualmente conocido como “no violencia”, me ofrece un enfoque que nutre tanto mi crecimiento personal como la manera en la que vivo. Descubro, cada vez con más claridad, cómo la amabilidad y la compasión que encierra Ahimsa abren caminos hacia la paz y el amor, tanto hacia mí misma como hacia mi entorno.
Cultivar Ahimsa en mis relaciones, comenzando por la que tengo conmigo, me regala una sensación de calma, de un “colchón interno” donde descansar y sentirme segura.
Vivir a través de Ahimsa es conectar con los ritmos sagrados de la naturaleza y fluir con ellos. Es respetar mis propios tiempos, honrarlos y aliarme con ellos.
Ahimsa es reconocer y respetar los procesos de los demás, sin imponer mi visión. Es una luz serena y expansiva que honra cada proceso, lugar y ser vivo, y me invita a vivir desde la coherencia del corazón.
En pocas palabras:
“Ahimsa es vivir a través del amor para Ser Amor”.
KIKE
Para mí significa intentar interactuar con mi entorno de la manera más equilibrada posible. Aunque la vida es desigual y nuestra especie ocupa la cúspide de la cadena, trato de reducir al mínimo la explotación, ya sea hacia los animales, los humanos o el medio ambiente. También procuro ser consciente de mi propia violencia —la visible y la invisible— y siempre preguntarme si realmente la violencia es la última opción.
SAHIBA
Ahimsa es la no violencia en acción, palabra y pensamiento. La violencia nace de la incapacidad de gestionar la rabia ante lo que no entendemos, lo que nos parece diferente o amenazante. En tiempos de guerra y división, resulta imprescindible tomar conciencia de lo que hacemos cuando sentimos enojo.
Ahimsa nos invita a transmutar esa energía sin dañarnos a nosotros ni a los demás. Si reconozco que no conozco la historia de cada persona, sus desafíos o dolores, puedo abrir espacio a la compasión en lugar de al juicio.
Cuando reconocemos nuestra humanidad compartida reducimos la tensión.
¿Cómo sería si te doy espacio para brillar y tu luz me inspira? ¿Y si me das espacio para brillar y mi luz te inspira?
En nuestra diversidad, si aprendemos a honrar las diferencias y reconocemos que nos necesitamos, podremos cuidarnos entre todos: seres humanos, otras especies y la naturaleza.
ANA P.
Ahimsa, para mí, es ser capaz de pensar en orden, porque la falta de claridad mental me resulta violenta hacia mí misma y hacia quienes me rodean.
La compasión está en poder parar y dedicar un momento contemplativo para observar qué está desordenado e intentar ordenarlo. Esto influye en cómo me hablo, cómo actúo y cómo practico dentro y fuera de la esterilla. Este orden es contagioso y se nutre de conexiones humanas y naturales.
También acepto que muchas cosas nunca se ordenarán, y eso es importante.
Ahimsa es mirar el mundo interno y externo con atención, es cuidar y dejarse cuidar. Aunque quizá no podamos salvar al mundo, sí podemos atender nuestros pequeños mundos y contagiar alegría, ética y nuevas visiones.
Ahimsa es no dañarse con palabra, pensamiento o acción; es predicar con el ejemplo y, a nivel global, crear inspiración en los demás y dejarse inspirar.
Práctica de yoga sugerida
Una práctica suave, de toma de contacto, ideal para principiantes.
La idea es liberar la autoexigencia y observar cuáles son mis objetivos: físicos, mentales, emocionales o espirituales.
Enfocarse primero en la respiración, nuestra primera herramienta para suavizar la agresión hacia uno mismo:
- Ejercicios de respiración consciente.
- Movilización articular para liberar la musculatura respiratoria.
- Buscar amplitud en el cuerpo y la respiración.
La respiración refleja nuestro estado interno y la condición de nuestro sistema nervioso.
Objetivo físico: afianzar la estructura anatómica de la respiración, comprender sus ejes y efectos sobre la mente.
Asanas sugeridas:
- Aperturas de pecho y cintura escapular.
- Posturas para la espalda.
- Relajación abdominal.
Construir fuerza, movilidad, flexibilidad y sensibilidad desde dentro, a través de la respiración.
Preguntas de indagación
- ¿Acepto y honro cada emoción, pensamiento o proceso sin caer en la dualidad?
- ¿Cómo me planteo un día entero a través de Ahimsa? ¿Cómo me hace sentir?
- ¿Qué cantidad de violencia es evitable?
- ¿Reconozco mi pasiva agresividad? ¿Cómo puedo sublimar la ira?
- ¿De dónde surge mi defensa desde Ahimsa?
- ¿Cómo puedo expresar la ira sin dañarme a mí ni a los demás?
- ¿Qué diálogo interior contiene violencia hacia mí o hacia otros?
- ¿Qué hago para pensar en orden y reducir la sensación de violencia hacia mí y hacia los demás?
Práctica para la cotidianidad
Durante un día, repite mentalmente con cada persona que veas:
“Yo soy tú, tú eres yo, yo soy tú”. Hazlo en casa, en el supermercado, en el trabajo… Reconoce que somos espejos unos de otros.
Ejercicio de escritura:
- Imagina cómo sería un día completo practicando Ahimsa, desde el primer pensamiento consciente al despertar hasta el último antes de dormir. Describe cómo se desarrollarían tus relaciones y tu conexión con el entorno.
Ejercicio de acción:
- Regala gestos bondadosos y amables. Cada día, realiza un acto desinteresado y consciente hacia los demás, incluidos la naturaleza y todos los seres sintientes. Puede ser una sonrisa, una llamada a alguien que necesite apoyo, recoger basura por amor a la naturaleza o vigilar el consumo de recursos.
No importa la cantidad, sino la intención amorosa del gesto.
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